Al bajar del taxi, Rachel me miró con complicidad.
-Ten un poco de paciencia -le dije mientras caminábamos para reunirnos con los chicos-. Tenemos que estar solas para que te de los detalles.
-¿Cómo vamos a estar solas si ese chico guapo que te espera allá nunca te deja un minuto? -preguntó, señalando a Martin parado junto al taxi con nuestras maletas encima, ya caminando hacia mí.
-Haremos nuestra escapada mañana en la noche. Lo prometo -le dije.
-¿Qué escapada? -preguntó.
-Rachel quiere pasar un tiempo de amigas conmigo. Dice que me acaparas -le dije frunciendo los labios.
-Tiempo de amigas ¿eh? -dijo pensativo-. Está bien, pero podrían hacerlo temprano si quieren, no tiene por qué ser en la noche...
Sonreí y miré a Rachel.
-¿Lo ves? Él entiende que también necesito estar con mi mejor amiga, así que no tienes porque desesperarte -le dije guiñando un ojo.
Rachel lo miró un momento, como descifrando algo, después sonrió. Yo conocía esa sonrisa suya, la que hacía cuando descubría algo. Lo pensé un segundo pero no hallé nada extraordinario en la situación.
-¿Sabes, Al? Realmente tengo ganas de salir contigo en la noche -me dijo con su voz de hablar en serio-. Las Vegas se vive de noche y hace tiempo que no tenemos diversión de amigas.
Asentí mientras caminábamos hasta el lobby del hotel Caesar Palace.
-Pero Las Vegas de noche es algo peligrosa -dijo Martin-. Me gustaría de verdad que salieran de día.
-Pero lo divertido pasa de noche -replicó Rachel.
-Lo divertido y peligroso. Insisto de verdad en que salgan de día -dijo.
-Martin, sabremos cuidarnos. No hay de qué preocuparse -le dije, dándole un ligero beso en los labios.
Frunció la boca contrariado.
-Casi no te gusta desvelarte... -me dijo con preocupación.
-Son vacaciones, así que me puedo parar tan tarde como sea -dije encogiendo los hombros.
Asintió con gesto de derrota y después habló con la encargada de la recepción.
Pidió dos cuartos separados para los chicos y las chicas, además de uno extra para él y para mí.
-Entonces saldremos mañana en la noche ¿sí? -se aseguró Rachel.
-Tú y yo solas -confirmé-. Hoy estaremos todos juntos hasta que la batería esté totalmente agotada.
Rachel se echó a reír y se fue a su cuarto compartido con las chicas, mientras que yo me fui con Martin.
-Estoy entusiasmada. Jamás había venido a Las Vegas -dije dando brincos mientras esperaba a que abriera nuestra habitación.
-Será genial. En la noche hacemos apuestas en algún casino ¿te gustaría? -preguntó con una sonrisa de oreja a oreja.
-Suena emocionante -dije entrando a la lujosa habitación hasta llegar a la cama y dejándome caer de espaldas sobre el suave colchón.
Martin dejó las maletas en el suelo y después dejó caer junto a mí. Me miró sonriente y después acarició mi rostro con su mano.
-¿Qué quieres hacer por el momento, antes de que salgamos todos en grupo? -preguntó con expectación.
Lo pensé un segundo con la mirada perdida en algún lugar del techo, pero no tuve que pensar demasiado, ya que mi estómago rugió de forma casi instantánea.
-Comer -le respondí.
Sonrió y se levantó de la cama, después me tendió la mano y salimos de la habitación.
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Una vez fuera de la habitación me distraje con las chicas y no volvimos al cuarto hasta que fueron las nueve de la noche, sólo para vestirnos y salir.
-Ey... -me llamó Martin mientras buscaba en mi maleta algo para ponerme.
-¿Sí? -le contesté distraidamente, sin mirarlo.
-Compré esto para ti hace un tiempo... bueno, en realidad lo compró Sofía, pero yo le pedí que lo hiciera, así que... ¿no te gustaría usarlo esta noche? -preguntó, algo sonrojado.
Miré lo que tenía en las manos. Un vestido blanco, corto, strapless y de tela brillante como el satín.
-Es la talla más pequeña que había en la tienda, según Sofía, así que no creo que se caiga de su sitio...
-No tenías que comprarme nada -le dije ruborizada.
-Es un obsequio. Si no te gusta, está bien -dijo, encogiendo los hombros y sin rastro de disgusto en el rostro.
-No, es precioso, pero yo no tengo nada para ti, nunca tengo nada para ti -dije, echándome a reír.
-Tu sola presencia en mi vida es más que suficiente -dijo, dejando el vestido sobre la cama y acercándose a mí para besarme.
-Gracias -dije con un suspiro. Tomé el vestido y me metí al baño.
-¿No te gustaría bañarte conmigo otra vez? -bromeó.
Me eché a reír.
-Para nuestra gran suerte, ya no hay prisa, así que no tenemos por qué bañarnos juntos -dije, enseñándole la lengua.
-Precisamente a eso me refiero. Si no hay prisa... -dejó la frase inconclusa.
Negué con la cabeza mientras me reía y cerré la puerta del baño.
El vestido, para mi gran sorpresa me quedó perfecto. Ajustado, como debía estar.
Nos encontramos con los chicos en el lobby del hotel, de ahí salimos todos a aventurarnos por los casinos y bares. En algún momento de mis recuerdos, entre apuestas, risas y muchísimas copas, me pierdo y no recuerdo más que los brazos de Martin en mi cintura, estrujándome contra él, sus labios sobre los míos y el taxista desesperado, pidiendo la dirección de nuestra siguiente parada.
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A la mañana siguiente desperté en el cuarto del hotel, con un dolor de cabeza tremendo, aliento a alcohol y sin recordar casi nada. Martin estaba a mi lado. Me giré en la cama y escuché el sonido de un papel arrugarse. Me levanté con cuidado, ya que sentía que mi cabeza era una bomba a punto de explotar.
Encontré al causante del ruido y lo tomé para leerlo. Era un certificado de matrimonio que nos declaraba a Martin y a mí marido y mujer, y a Rachel y Carlos como testigos de la boda.
El aturdimiento me hizo echarme a reír como drogada. Me dejé caer de nuevo en la cama junto a Martin y me pregunté si el sabría que nos habíamos casado. Estaba dándome la espalda, con sus extremidades desparramadas sobre la cama.
Lo abracé e instantáneamente se giró y me envolvió entre sus brazos, aunque aún estaba dormido.
-Martin -lo llamé con suavidad. Mi voz se escuchaba extraña, como si arrastrara las palabras. Probablemente se debía a que en ese momento todo me provocaba una inmensa pereza. No respondió-. Martin -volví a llamar con más urgencia en la voz.
-¿Qué? -preguntó con voz pastosa y un suspiro.
Me eché a reír otra vez, pensando en lo que estaba a punto de decirle. Abrió los ojos y me miró desconcertado.
-¿Qué pasa? -preguntó un poco más consiente, aunque arrastrando las palabras del mismo modo en que yo lo hacía-. Me duele la cabeza... -se quejó distraidamente.
Me volví a reír.
-Ya somos dos -dije.
-¿Qué ocurre? ¿Qué es tan gracioso? -preguntó, empezando a contagiarse de mi risa.
-Estamos casados -le dije, mostrándole el papel, muerta de risa.
Me giré en medio mis carcajadas y me caí de la cama.
-¡Alice! -gritó preocupado, pero cuando me vio tirada en el suelo se echó a reír también, después, a rastras, se bajó de la cama y se tiró junto a mí.
-Y yo que pensé que sería especial -dije, aún sin parar de reír.
-Ya somos dos -dijo, riendo conmigo.
Jaló la sábana de la cama, tirando las almohadas y todo lo que había sobre ella. Nos tapó y puso una almohada debajo de mi cabeza. Él también tomó una y después me abrazó, cerrando los ojos.
-¿Recuerdas algo de anoche? -le pregunté un segundo después.
Abrió los ojos una vez más y sonrió.
-Nada, pero es evidente que hicimos de las nuestras. Que lastima no recordarlo -dijo, pegándome a él un poco más.
-¿Tienes idea de dónde quedó mi vestido blanco? -pregunté, riendo.
Negó con la cabeza y miró alrededor, hacia la parte de la habitación que la cama no escondía. Señaló el sofá.
-Creo que está ahí ¿no?
Miré donde señalaba y vi que también estaba ahí toda mi ropa interior y mis zapatillas.
-Sí, creo que ahí empezó todo -dije, ruborizándome. Dejé caer mi cabeza sobre la almohada y cerré los ojos-. ¿Podemos dormir un rato o tenemos que ir a alguna parte?
-Hoy sí podemos dormir por el momento -dijo con un bostezo. Lo abracé y dejé ir mi conciencia en su respiración y sus brazos alrededor de mi cintura-. De cualquier modo en las noches no te dejaré dormir, sólo te lo advierto...
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Continuará...
jaja lo aamee como siempree & kiero mas mas mass lo amoo (L)
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