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lunes, 20 de junio de 2016

Numb

No reaccioné con la noticia. Después de escucharla dejé de escuchar todo lo demás, mis ojos miraban sin mirar lo que había en frente de mí. Me alejé del doctor, no me enteré si ya había acabado de hablar, pero lo importante ya había sido dicho.

Salí del hospital y caminé por la acera. Era de noche y una brisa helada soplaba por las calles. Quise encender un cigarro y cuando traté de meter mi mano en el bolsillo de mi chaqueta para alcanzar la cajetilla, me di cuenta de que la había olvidado en la sala de espera.

No volví por ella, me resigné a comprar una cajetilla nueva en la tienda que se encontraba en la esquina de la calle que recorría. Por suerte, la cartera siempre la llevaba en el bolsillo de los pantalones, al igual que el celular.

El ambiente de la tienda era por completo distinto al de la calle, iluminado, olía a limpiador de piso y baladas románticas sonaban a un volumen bajo por los altavoces, además estaba cálido.

Me aproximé al mostrador y sin mirar a la cajera le pedí unos Marlboro rojos y un encendedor. Ella probablemente se asustó al verme, porque llevaba ensangrentadas las mangas de la camisa. Le di un billete sin mirar la denominación, tomé la mercancía y salí. Escuché a la mujer decirme algo acerca del cambio, pero la ignoré.

Ya en la calle de nuevo, tomé un cigarro y lo encendí. Me encontré con un parque en mi camino y me senté en un columpio a fumar, mientras miraba el suelo. La nieve se había endurecido y estaba resbaloso.

No podía pensar en lo que acababa de ocurrir. Ni siquiera podía intentarlo. Y por alguna razón la canción de los Beach Boys seguía sonando sin parar en mi cabeza, como si mi cerebro fuera incapaz de aceptar la realidad, de procesarla.

Me quedé sentado hasta que las primeras luces de la mañana colorearon el parque. No podía sentir las puntas de mis dedos y la cajetilla ahora estaba vacía, igual que mi alma.

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