Desperté en el suelo, con Alice entre mis brazos, con su cara de ángel dormido, sus labios entreabiertos a centímetros de mi cara. Acaricié sus labios con uno de mis dedos. Era tan suave... Ella empezó a removerese hasta darme la espalda. Me reí. Era muy inquieta cuando dormía, quizá incluso más que cuando estaba despierta.
Miré la parte trasera de su cuello expuesto y no me resistí. Empecé a besarla con suavidad mientras mis manos recorrían su cuerpo y la apretaba contra mí. Ella pronto despertó y empezó a reír.
-Me haces cosquillas -se quejó dándose la vuelta para encararme y abrazarme el cuello. Me dedicó una sonrisa y me envolvió con el poder de su cálida mirada, la inversa de su "mirada aterradora".
-Perdón por despertarte -me disculpé sin pizca de arrepentimiento.
-Sí, claro... Se ve que estás muy arrepentido -me adivinó.
Me eché a reír y besé sus labios, entonces a mi mente volvió el recuerdo de hacía una hora. Detuve el beso abruptamente y le pregunté:
-¿Estamos casados?
-Ah... sí, al parecer nos casamos anoche o hoy en la madrugada, no estoy segura -se echó a reír y yo con ella. En el fondo no me hacía ninguna gracia, en realidad esperaba que nuestra boda fuera algo muy especial...
-Ya eres Alice Claire Hogan -pronuncié su nuevo nombre legal. Me gustaba demasiado cómo sonaba, tanto que a mi espalda la recorrió un escalofrío.
Ella acarició mi abdomen y mi pecho con una sonrisa, haciendo que a mi piel la recorrieran chispas eléctricas.
-A pesar de tu risa no parece que estés muy feliz... -empezó a decir.
-Te equivocas, no podría estar más feliz -mentí, aunque no del todo. Me hacía infinitamente feliz el hecho de que fuera mi esposa, pero no así de feliz el hecho de que ni siquiera pudiera recordar nuestra boda.
-Martin, te conozco demasiado bien, así que dímelo -dijo, mirándome ahora con seriedad.
-No sé de qué hablas... -no tenía sentido decir nada que lo arruinara. Si ella estaba bien con eso, yo estaba aún mejor.
Me miró con sospecha, entonces sonrió de manera seductora, felina. Se acercó a mí y besó mi cuello. Me puso de espaladas contra el suelo y se montó sobre mí, dejando en mi pecho y mi abdomen un camino de besos. Subió hasta mi cuello otra vez, pasando sus labios por mi barbilla hasta situar sus labios justo en frente de los míos, sin tocarlos, sólo dejando su aliento rozarme con suavidad, volviéndome loco, si es que eso era posible.
Abracé su cintura y giré para situarme sobre ella. Estaba a punto de besarla que puso uno de sus dedos sobre mis labios.
-¿Quieres seguir? -preguntó con voz baja y suave, la que utilizaba para seducirme. Como si le costara mucho trabajo hacerlo... pensé.
Ya sabía por dónde iba la cosa.
-Sí, quiero seguir besándote -dije con voz de niño.
Ella se echó a reír y bajó la guardia, lo que aproveché para adueñarme de sus labios. Ella se dejó llevar por un momento y acarició mi espalda mientras yo presionaba su cuerpo contra el suelo aún más.
Besé su cuello y su pecho, ella aferró mi pelo y me acercó más, con desesperación, pero cuando recuperó la conciencia enseguida me detuvo.
-¿Quieres seguir? -volvió a preguntar, esta vez jadeando.
Me eché a reír.
-Parece que no soy el único que quiere seguir... -susurré en su oido, tentándola.
-Si me contuve por dos años cuando tenía dieciséis, me creo capaz de contenerme ahora, así que es tu decición. Si me dices qué te molesta podemos quedarnos aquí y hacer un par de cosillas pervertidas... -me tentó ella a mí, volteando mi jugada-o puedo salir con las chicas a pasear por Las Vegas. Es tu decición.
Se encogió de hombros mientras que una de sus manos jugaba distraídamente con un mechón de su pelo.
Me devatí internamente. Mordí mis labios mientras la miraba, el objeto de mi deseo. Si le decía posíblemente se deprimiría o desepcionaría, pero si no...
Miré su cuerpo desnudo y una oleada de deseo recorrió mi columna. Era débil, demasiado débil... y también muy egoista, así que se lo iba a decir.
Suspiré derrotado y ella esbozó una sonrisa triunfal.
-¿Sí...? -preguntó acariciando mi mejilla con la mano que previamente jugó con su cabello.
-Me hubiera gustado que nuestra boda fuera más especial, ya sabes, fiesta en grande, toda una ceremonia, pero ni siquiera puedo recordarlo... Eso me decepciona un poco, pero no tiene importancia en realidad, así que olvidémonos de eso...
Besé su hombro y enpecé a subir por un costado de su cuello hasta llegar a sus labios, pero sus ojos ahora estaban tristes.
Lo sabía...
-Lo siento, de verdad no me di cuentade que era tan importante. Ni siquiera recuerdo cómo fué que pasó...
-Alice -la interrumpí-, no tiene importancia, sólo déjalo ir ¿sí?
Negó con la cabeza.
-Volveremos a hacer una boda, esta vez una realmente buena... -empezó a decir, ahora echando su mente a volar, lo podía ver en sus ojos.
-Está bien, por ahora ¿podríamos continuar en dónde nos quedamos? -supliqué.
Se echó a reír y asintió, entonces volví a besarla y ella se abandonó en mis labios...
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Una semana después, ya estábamos en Orlando, instalados en nuestras respectivas casas para pasar las vacaciones con la familia. El plan original era que ella se quedara en la mansión, pero sus abuelos, Claire y Noa, estaban de visita y no lo permitieron, ya que "aún no estábamos casados"... Por supuesto, no se enteraron de nuestra aventura en Las Vegas. Ese era nuestro pequeño secreto, compartido con los chicos... Eso y que Sharon y Vince... Aunque para mala suerte del pobre Vince, lo abandonó excusando que todo había sucedido bajo los efectos del alcohol.
Eran las diez de la noche y conversaba con Sofía sobre su nuevo novio, mi cuñado, una relación que al fin parecía seria, cuando recibí una llamada de Alice, citándome para que pasara por ella, ya que tenía que decirme algo importante. No supe descifrar el tono de su voz ni su estado de ánimo a través de teléfono. Parecía conmocionada, feliz, triste... No lo sabía y me preocupé.
-Sofi, tengo que irme... -me disculpé con mi hermana en cuanto colgué el teléfono.
-¿Tu chica te necesita? -preguntó preocupada.
-Sí, no tengo idea de qué será -dije sin lograr esconder mi preocupación.
Se mordió el labio y me miró aprensiva.
-Suerte -dijo.
-Espero no necesitarla -susurré más para mí mismo que para ella.
Tomé el auto a pesar de que sólo era una cuadra para llegar a casa de Alice. Me sentía ansioso.
Llegué en medio minuto, si no es que menos. Estaba sentada en el escalón que se encontraba en frente de la puerta de su casa, con los codos sobre la rodillas y descansando su cabeza sobre sus manos. Su expresión era serena y distante. Ya conocía esa mirada perdida, ella siempre estaba en su mundo, la mayor parte del tiempo vivía en la luna. Me bajé del auto y me acerqué a ella. El ruido la despertó y se levantó. Me dedicó una sonrisa y me tomó de la mano.
-¿Damos una vuelta? -preguntó. Su voz aún era indescifrable, irreconocible. Sonaba con una emoción distinta a la de la Alice a la que estaba acostumbrado, era lo de siempre, pero nuevo. No supe explicármelo a mí mismo.
Caminamos juntos hasta un parque cercano y nos sentamos en una banca. Dejé al envolvente silencio apoderarse del momento. No era incómodo, los silencios con ella jamás me resultaban incómodos, sin embargo algo seguía estando fuera de lugar.
Al fin tomó aire y me miró a los ojos. Una sonrisa se extendió a lo largo de sus labios mientras una lágrima escapaba de sus oscuros ojos.
Abrí los ojos asustado.
-¿Qué ocurre...? -pregunté con sorpresa mientras la abrazaba. Ella interrumpió mi pregunta con un beso apasionado.
La dejé saborear mis labios a diestra y siniestra y le devolví el beso con ganas, pero aún no sabía lo que estaba pasando.
Se alejó para verme los ojos y vi alegría en su mirada. Mi estómago se llenó de mariposas, pero seguía confundido. ¿Qué ocurría?
-Martin... -al fin habló con voz contenida, emocionada.
-¿Sí? -pregunté al ver que no continuaba.
Suspiró para calmarse y pareció volver a ser la de siempre antes de continuar.
-Estamos embarazados -dijo mordiendo su labio y con una sonrisa que apenas cabía en su pequeña cara.
Me quedé con la boca abierta mientras esas palabras hacían eco en mi cabeza, que de repente parecía totalmente vacía. Estamos embarazados... Vamos a ser papás. Algo mío y de ella, algo nuestro está dentro de su vientre, un pedazo de mí está en ella... Exploté.
La abracé y empecé a llorar de felicidad y a carcajearme.
-No lo puedo creer, Alice, esto es genial -festejé cargándola y dando vueltas con ella en brazos. Ella estaba riéndose, pero entonces recordé al bebé y me detuve. Tenía que ser delicado porque ahora tenía una personita dentro de ella, un bebé mío y de ella ¡nuestro bebé! No cabía en mí de felicidad.
-Vamos a ser papás. ¡Tengo algo tuyo dentro de mí! -festejó brincando por el parque sin ningún rumbo, tomada de mi mano.
-¿Quién más lo sabe? -pregunté esperando ser el único.
-Sólo tú y yo. Imagínate si lo supieran los abuelos. Personalemte pienso que sería mejor si lo mantenemos en secreto hasta casarnos "oficialmente".
-Estoy de acuerdo. ¿Cuánto tiempo tenemos de estar embarazados?
-Dos meses y medio aproximadamente. No lo puedo creer. ¿Cómo le pondremos? Si es niño tiene que llamarse como tú, amor. ¡Ah, estoy tan emocionada!
La abracé y besé su mejilla.
-Yo también lo estoy. Si fuera niña quisiera que fuera idéntica a ti...
Se echó a reír y besó mis labios, entonces empezó a dar vueltas en el parque.
Recordé que hacía algunos meses le había comprado un anillo de compromiso que le iba a entregar al egresar de la universidad, pero me pareció un muy buen momento así que...
-Alice -dije, tomándola de la mano mientras me arrodillaba en el suelo humedo por la lluvia que había caído hacía una hora aproximadamente-, ya te he pedido esto mucha veces, así que supongo que ya no debe ser nada emocionante, pero esta vez de verdad es para casarnos, no sólo como un compromiso entre tú y yo, sino para all fin mostrarnos como marido y mujer ante el mundo, para unirnos y... bueno, supongo que estoy siendo demasiado cursi pero ¿Quieres casarte conmigo? -pregunté al fin.
Ella se arrodilló en frente de mí y me abrazó fuerte.
-Sí quiero -dijo con voz quebrada.
Y en esa fracción perfecta de felicidad infinita, me hubiera gustado quedarme por el resto de la eternidad, sólo ella, yo y nuestro pequeño bebé, producto de nuestro amor... Le puse el anillo y suspiré satisfecho.
-Entonces en dos meses estaremos casados -dije emocionado, precipitando mis pensamientos a todo lo que se avecinaba.
Mi ángel se echó a reír y me tomó de la mano.
-Sí, sí, sí... pero por el momento quiero pensar en nuestro bebé -dijo acariciando su vientre plano y mirando a la nada con una sonrisa perfecta y hermosa.
Nos quedamos en silencio cada quien en nuestro mundo perfecto, que posiblemente era el mismo para ambos. Lo mejor de todo, lo que más saboreé del momento fue el saber que pronto estaría rodeado por la felicidad de ese mundo perfecto, nuestro mundo...
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Fin de "Frangmento de nuestra vida..."
ohh OMG !! me encanta !! xDD
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