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jueves, 17 de junio de 2010

Techos con agujeros

-¿Qué? ¿Piensas que es tan simple como decir "Ave María, dame puntería"?-me preguntó la maestra. Apenás empezaba a escucharla hablar, estaba soñando despierta, otra vez...
-Lo siento... ¿qué?-pregunté cofundida. No tenía idea de lo que estaba hablando.
Cerró el libro con violencia y agresividad, se quitó los lentes y señaló la puerta.
-Hazme el favor de abandonar mi clase. Regresa cuando quieras aprender algo-dijo con seriedad.
Suspiré y me levanté del asiento, tomé mi mochila y me retiré, tratando de no prestar atención a lo que mis compañeros murmuraban.
-Continuemos con la clase-escuché decir a la maestra una vez que hube cerrado la puerta detrás de mí.
La vida es cruel conmigo... pensé. Estaba distraida pensando en los relatos de mi abuelo, aquellos relatos que, de alguna manera me involucraban. No sabíá cómo aún, era un misterio, como el viento... Podía sentirlo, pero no podía verlo.
Los relatos de mi abuelo y mejor amigo me involucraban porque de alguna manera recordaba y veía cada una de sus palabras, pero no hayaba una conexión razonable entre los... recuerdos que evocaba mi mente y cómo es que yo estaba físicamente presente en el lugar donde mi abuelo hablaba conmigo. Mi madre, mi padre y el psicólogo decían que era producto de una imaginación hiperactiva, pero algo en mi interior me decía que era algo más allá incluso del entendimiento de ellos...
Sin pensarlo dos veces me encaminé al cementerio.
-Hola-saludé a la tumba de mi abuelo-, gusto en verte otra vez...

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